NO HUBO REY DE GRANADA

 


Hace un par de años, visitando la Alhambra, me fijé especialmente en un detalle de la yesería que decora los palacios nazaríes, concretamente en un escudo, cruzado con un lema en árabe. Rápidamente pensé: “¿un escudo nobiliario musulmán?... no tiene sentido, no existe la Heráldica en el mundo islámico; será un detalle decorativo imitado del arte mudéjar".

Hace poco me volvió esa imagen y esa duda, y como el reino nazarí se creó en siglo XIII, a la par de la conquista castellanoleonesa del Guadalquivir, pues nada mejor que echar un vistazo a la Crónica de los reyes de Castilla de 1300, en su capítulo XI dedicado a Fernando III (párrafos 99 y 100) https://books.openedition.org/esb/190

Y, et voilà! Esta crónica aclara el significado del escudo nazarí, que podemos resumir en: desde su origen los nazaríes fueron vasallos de Castilla y León, siendo más nobles que reyes y controlando un señorío más que un reino; esto se asumía públicamente, tanto en Granada, como en Castilla.

Explico el por qué, de este razonamiento.

Se considera a Muhamad I al-Ahmar el fundador de la dinastía nazarí de Granada. Pero Muhamad I nació en una familia noble de Arjona, ciudad de la que se hará rey.

En 1236, los castellanoleoneses conquistaron la ciudad de Córdoba, la antigua capital del califato, abriendo simbólicamente el principio del inevitable fin de Al-Andalus. En este contexto de derrota y caos, para los musulmanes, se alzó Al-Ahmar como el “caudillo” más fuerte y reputado, lo que le llevó a tomar Granada en 1238, proclamándose rey de la misma.

Pero en 1245, los castellanos sitiaron Jaén. Al-Ahmar se acercó entonces al campamento cristiano, presentándose ante Fernando III. Se arrodilló ante él, le besó la mano, le ofreció lealtad y se puso bajo su protección; dicho de otro modo, se hizo vasallo del rey de Castilla y León. Reinaría en sus territorios, a cambio de un tributo anual, podía asistir a Cortes como los demás nobles y debía enviar caballeros a la guerra, cuando se requiriese.

La evidencia más humillante de este vasallaje, tuvo lugar en 1248, fue la conquista de Sevilla. Lucha en la que Muhamad I tuvo que participar amargamente, contra sus propios hermanos musulmanes, con 500 hombres a caballo con lanzas. Tras la victoria cristiana, volvió Al-Ahmar a Granada, siendo recibido triunfalmente por la población. Ante los gritos de “El Ghalib” (“victorioso”), él contestó firmemente “Wa la ghalib ila Alláh!” (¡Sólo Dios es Vencedor!). Esta frase la hizo grabar transversalmente en su escudo de armas, siendo el emblema de sus descendientes.

A la muerte del rey Fernando III el Santo, el 30 de mayo de 1252, Al-Ahmar envió embajadores a dar el pésame a su hijo (Alfonso X el Sabio), y con ellos 100 caballeros musulmanes de alto rango para que velasen con cirios encendidos el féretro del monarca. De hecho, la impresionante lápida del rey santo en la catedral de Sevilla, está cubierta de inscripciones laudatorias en latín, castellano, árabe y hebreo; las lenguas de sus súbditos.

Cabe concluir que los nazaríes reinaban en Granada, pero no siendo reyes de Granada, por ser vasallos de Castilla y León. En la Edad Media un rey podía ser vasallo, pero del Papa (lo fueron los reyes de Inglaterra y de Aragón), también se podía ser vasallo de otro rey en un territorio lejano (el rey de Inglaterra era vasallo del de Francia, en Aquitania), pero un rey no podía ser vasallo de otro rey en su territorio soberano, porque por tanto no sería rey.

Así fue, Granada nació como “el espejismo del último reino musulmán de Al-Andalus”, sin serlo. Fue realmente un señorío, vasallo de Castilla, que sobrevivió 250 años más, bajo el mando de una familia noble venida de Arjona.

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